Con la llegada de finales de octubre, las calabazas, los fantasmas, los disfraces y las imágenes relacionadas con el miedo empiezan a aparecer a nuestro alrededor. Halloween está cada vez más presente en los comercios, las pantallas, las redes sociales y, en consecuencia, también en el imaginario de nuestros niños y niñas.
Pero queremos plantearnos una pregunta: ¿tenemos que celebrar Halloween o contamos también con una tradición propia vinculada a estas fechas?
La tenemos. Y también tiene nombre: Gau Beltza o Arimen Gaua.
No tenemos que inventar desde cero
En diferentes lugares de Euskal Herria, los últimos días de octubre y los primeros de noviembre han estado vinculados tradicionalmente a costumbres relacionadas con la muerte, las almas, la oscuridad y la llegada del invierno.
Las prácticas variaban de un pueblo a otro: vaciar calabazas o nabos y colocar velas en su interior, crear rostros inquietantes, disfrazarse con ropas y trapos viejos, recorrer las casas o los caseríos, comer castañas, encender fuego o contar historias.
Muchas de estas costumbres fueron debilitándose o desapareciendo a lo largo del siglo XX. Por eso, lo que hoy queremos hacer no consiste simplemente en cambiarle el nombre a Halloween. El reto es conocer las costumbres que han formado parte de nuestra memoria colectiva, reinterpretarlas desde el presente y transmitirlas a las nuevas generaciones.
Actualmente, numerosos pueblos de Euskal Herria están recuperando la celebración de Gau Beltza, combinando las costumbres locales con nuevas formas de expresión y creación.
En sintonía con la propuesta de Taupa Mugimendua
Taupa Mugimendua lleva años trabajando en torno a la cultura popular y a la creación cultural en euskera. Una de sus líneas de trabajo propone analizar, repensar y revitalizar nuestras costumbres, situando Gau Beltza como uno de los ejemplos de esta recuperación cultural.
Esta mirada tiene para nosotros un valor especial: recuperar una tradición no significa regresar al pasado. Significa reinterpretarla desde el presente y convertirla en algo que tenga sentido para los niños, niñas y jóvenes de hoy.
Por eso, no entendemos Gau Beltza como una copia o una simple traducción de Halloween. Es una oportunidad para dar espacio a nuestra cultura, nuestra lengua y nuestra comunidad.
¿Por qué Gau Beltza en la ikastola?
La ikastola no es únicamente un lugar para transmitir conocimientos. También es un espacio de transmisión cultural.
Nuestro alumnado vive y vivirá en un mundo global, y eso supone una enorme riqueza. Conocer otras culturas, comprenderlas y relacionarse con ellas forma parte de la educación que queremos ofrecer. Pero abrirnos al mundo no debería significar perder nuestras propias referencias.
Por eso, la cuestión no es prohibir o rechazar Halloween. La pregunta es otra:
Si nosotros no les mostramos lo nuestro, ¿quién lo hará?
Recuperar Gau Beltza nos permite explicar a nuestro alumnado que en el entorno de sus abuelos, abuelas y generaciones anteriores también existieron ritos y celebraciones relacionados con la oscuridad, el miedo, la muerte y la llegada del invierno.
Y, además, podemos hacerlo en euskera.
Del consumo a la comunidad
Una de las diferencias más interesantes entre ambos modelos no está en una calabaza o en un disfraz. Está en la manera de celebrar.
Halloween nos llega hoy muy vinculado a una potente industria de consumo: disfraces comprados, decoraciones de plástico, dulces, merchandising y una estética preparada de antemano.
Gau Beltza nos ofrece la posibilidad de plantear otra lógica: reutilizar ropa y telas que tenemos en casa, vaciar calabazas, elaborar nuestras propias decoraciones, contar historias, cantar, salir a la calle y celebrar juntos.
Es decir, pasar de ser consumidores a ser creadores.
Y eso también es educación.
Mantener vivo nuestro patrimonio
Las tradiciones no son objetos que se conservan dentro de un museo. Permanecen vivas cuando alguien las practica, las cuenta y las transmite a la siguiente generación.
Por eso, recuperar Gau Beltza no es un ejercicio de nostalgia.
Es hacer cultura.
Cuando un niño o una niña vacía una calabaza y coloca una vela en su interior; cuando crea un disfraz con ropa vieja; cuando escucha una historia de miedo en euskera; cuando pregunta a las personas mayores qué hacían ellas cuando eran pequeñas; o cuando sale a celebrarlo junto a otros niños y niñas, pasa a formar parte de esa cadena de transmisión.
Y ahí encontramos precisamente una de las funciones de la ikastola: proporcionar a nuestro alumnado herramientas para conocer el mundo, pero también raíces que les permitan saber quiénes son dentro de él.
¿Halloween o Gau Beltza?
Quizá la cuestión no sea simplemente elegir entre una celebración y otra.
La pregunta es