En los últimos años, la lectura y la comprensión lectora han adquirido una presencia cada vez mayor en el debate educativo. Las evaluaciones PISA, las evaluaciones diagnósticas y las evidencias que recogemos diariamente en los centros educativos nos llevan a plantearnos una misma pregunta: ¿estamos preparando realmente a nuestro alumnado para comprender, interpretar y utilizar aquello que lee?

Los datos de PISA 2022 mostraron que Euskadi obtuvo 466 puntos en competencia lectora, situándose en niveles similares a los de España y la Unión Europea, aunque por debajo de la media de la OCDE. En los últimos cursos, además, el Departamento de Educación ha situado la mejora de la competencia lectora entre sus ámbitos prioritarios de actuación.

Pero después de PISA, después de los decretos y después de las estrategias… ¿qué?

Desde nuestro punto de vista, la respuesta es clara: tenemos que mirar al aula.

De los datos al aula

En San Nikolas Ikastola llevamos tiempo revisando nuestras intervenciones y prácticas pedagógicas. Estamos analizando qué hacemos en torno a la lectura, para qué lo hacemos y qué impacto tiene realmente en el aprendizaje de nuestro alumnado.

Porque leer no consiste únicamente en decodificar correctamente las palabras de un texto.

Un alumno o alumna puede leer todas las palabras de un texto, incluso hacerlo a un ritmo adecuado, y no haber comprendido lo que acaba de leer.

Por ello, trabajar la lectura exige prestar atención a diferentes procesos: la decodificación, la automatización, la fluidez y la prosodia, el vocabulario, los conocimientos previos y, especialmente, las estrategias de comprensión.

La Estrategia de Lectura para el Sistema Educativo Vasco 2024–2027 apunta también en esta dirección: para desarrollar lectores competentes, autónomos y críticos, el alumnado necesita conocer y utilizar estrategias antes, durante y después de la lectura.

Ahí se encuentra, precisamente, uno de los principales ejes del trabajo que estamos desarrollando.

No queremos únicamente que nuestro alumnado lea más. Queremos que aprenda a leer mejor.

Que antes de comenzar a leer sepa observar el texto; utilizar el título, las imágenes u otros elementos para formular hipótesis; activar lo que ya sabe sobre el tema y comprender cuál es el propósito de la lectura.

Que mientras lee sea capaz de comprobar si está entendiendo; deducir por el contexto el significado de una palabra desconocida; distinguir las ideas principales; formular preguntas y establecer relaciones entre diferentes informaciones.

Y que después de leer pueda reconstruir el significado del texto; resumirlo; extraer conclusiones; utilizar la información en una situación diferente o expresar una opinión razonada sobre aquello que ha leído.

Porque un buen lector no es quien lo comprende todo a la primera. Es quien sabe qué hacer cuando no comprende.

La lectura no es solo una cuestión de Euskera o Lengua Castellana

Este es otro aspecto fundamental.

Para comprender un problema matemático hay que leer. Para seleccionar información relevante de un texto científico hay que leer. Para interpretar la relación entre un gráfico y un texto hay que leer. También para seguir unas instrucciones o valorar la fiabilidad de una información que encontramos en Internet.

Por eso, la lectura es una de las bases de todos los aprendizajes.

Y esto tiene una consecuencia pedagógica importante: enseñar a leer y comprender no puede limitarse a una asignatura o a un momento determinado de la jornada. Es una competencia que debemos trabajar de forma sistemática desde diferentes áreas y situaciones de aprendizaje.

Y las familias, ¿qué podéis hacer?

La escuela tiene una responsabilidad fundamental en el desarrollo de lectores competentes. Pero nuestra relación con la lectura no se construye únicamente en la ikastola.

Las familias también pueden desempeñar un papel muy importante en la motivación, los hábitos lectores y la relación que niños y niñas construyen con la lectura.

Por eso, durante las próximas semanas iremos compartiendo pequeñas recomendaciones dirigidas a las familias.

No se trata de hacer “más escuela” en casa. Tampoco queremos que las familias se conviertan en profesoras.

Todo lo contrario.

Queremos ofrecer ideas sencillas para acompañar la comprensión lectora en situaciones cotidianas: qué podemos preguntar antes de leer, cómo ayudar cuando no han comprendido algo, cómo enriquecer el vocabulario, cómo conversar sobre lo leído, qué tipo de preguntas podemos plantear o cómo cuidar la motivación hacia la lectura.

Serán pequeñas recomendaciones, pero todas partirán de una misma idea: no preguntéis únicamente “¿has leído?”.

Preguntad también:

“¿Qué has entendido?”
“¿Qué crees que va a ocurrir?”
“¿Por qué crees que dice eso?”
“¿Cuál ha sido la idea más importante?”
“¿Hay algo que no hayas entendido?”
“¿Qué podrías hacer para intentar comprenderlo?”

Detrás de estas preguntas se encuentra la construcción progresiva de un lector autónomo.

Avanzar en la misma dirección

PISA nos ofrece datos. Los decretos y las estrategias del Departamento de Educación marcan una dirección. Las evaluaciones diagnósticas nos proporcionan información sobre la situación de nuestro alumnado.

Pero nada de esto constituye, por sí solo, la meta.

El verdadero cambio sucede en el aula: cuando un docente revisa su práctica, cuando enseña explícitamente una estrategia, cuando ayuda a un alumno o alumna a darse cuenta de que no está comprendiendo o cuando le enseña a pensar ante un texto.

Y el cambio es todavía más sólido cuando ikastola y familias avanzamos en la misma dirección.

En ello estamos.

Promoviendo más lectura, sí.

Pero, sobre todo, construyendo mejores lectores y lectoras.